¿Sabes? Hoy te escribo de nuevo porque me he dado cuenta de que, quizás, debería darte las gracias.
Sí sí, no me mires así, ya te explico:
Creo que debo darte las gracias porque anoche, por primera vez en mi vida, tras 18 años, no lloré viendo el Rey León.
Fíjate, creo que en el fondo sí que he aprendido de todo esto. O, a lo mejor, la palabra no es "aprender", si no que... quién sabe, quizás me he hecho más fuerte.
Los planes que tienen la manía esa de caerse a la mitad ya no me afectan. Consigo mantener todo "el dolor" en una caja fuerte totalmente acorazada.
Aunque, como ya he dicho, quien sabe...
Cabe la posibilidad de que sólamente hoy me siente indestructible. Quizás mañana se me hayan desgastado las fuerzas, de tanto usarlas, y la caja fuerte de abra con un ligero "clic".
Y todo esto me lleva a darme cuenta de que parece ser que no soy más que una consecuencia de los actos de la gente. Sí, cielo, Ortega y Gasset tenía razón, yo soy yo y mis circunstancias. Y me estoy cansando bastante de que entre las circunstancias de mi día a día esté tu nombre, pese a pertenecer a un pasado, que ya te digo ahora, no va a volver.
Bueno, sigo, que a lo tonto me pongo a divagar.
Gracias por demostrarme que hasta la gente que más dice quererte no tiene el menor reparo en hacerte daño. Por enseñarme que cuando se trata de mirarse el ombligo, nadie recuerda el significado de "ser fiel a unos principios". ¡Ah! y que no se me olvide lo más importante: Gracias por demostrarme que ni los regalos más eternos, como puede ser una estrella, son promesas de nada en absoluto.
Hasta aquí puedo leer.
Como siempre, que te vaya bien, cielo.
Fdo: Nekane.

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