Abrió los ojos un poco, aún adormilada. Lo suficiente como para poder ver que su cama estaba vacía. Como cada noche. Como cada mañana.
Nekane estiro el brazo por encima de ese espacio que quedaba libre en la cama, imaginando que él estaba allí.
"No hay nadie, estúpida, deja de soñar"- sonó en su cabeza.
Se volvió a encoger en sí misma, y cerró los ojo para verle, tal y como la había enseñado: "Es sencillo, cierra los ojos y visualiza mi imagen. ¿Ves? Estoy ahí."
Desde pequeña la habían enseñado que la droga es mala para el cuerpo, pero Nekane sabía de sobra que la adicción que ese chico provocaba en ella no la conseguirían igualar ni la cocaína, ni el éxtasis. Y esa sensación le daba miedo.
Se estremecía ante la idea de un nuevo golpe, de que desapareciese de repente su marca de heroína y el mono de él la matase por dentro.
No se veía con fuerzas de entregar su corazón de nuevo y ver como se lo devuelven de una patada, pero, por otra parte, quería arriesgarlo todo.
Algo en su interior susurraba que merecía la pena.
Tenía varias opciones, dejar las cartas en la mesa y abandonar la partida o apostarlo todo y confiar.
No, no nos equivoquemos, Nekane sabe muy bien que solo tiene una opción. Sabe que, por él, juega y apuesta alto. De hecho, sube la apuesta: corazón, cabeza y alma. Todo en juego.
Se quema carta y se pone la última sobre la mesa. Esperemos que, esta vez, el jocker no se ría de ella. Y si lo hace, que las picas sean su fuerza. Eso sí, el As de corazones quédatelo tú.
"Mi corazón de repuesto se muere por latir siempre a tu lado."
sábado, 30 de junio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
¿Echar de menos?
"Joder, que de luz entra por la ventana. ¿Qué coño hace abierta?"- pensó Nekane. Se estiró como cada mañana, tal y como decía su madre "como un gatete", y se tumbó boca arriba, con una pierna por debajo de las sábanas y otra por encima.
Cogió el mando de los altavoces el iPod, que estaba en la mesilla, y puso la música en aleatorio. Empezó a pasar canciones una tras otra hasta que encontró una que realmente le gustaba: Wake me up when september ends. Algo dentro de ella se removió, inquieto.
Esa sensación le sonaba extrañamente familiar. Era una mezcla de felicidad irracional y miedo de perder lo que ni tan siquiera se tiene. Pero había algo más. ¿Echar de menos?.
No puede ser - pensó - Me dije que nunca volvería a hacerlo, que no quería sentirme vulnerable de nuevo.
Y sin embargo se vio allí tumbada, echando de menos, sintiéndose insignificante, débil... otra vez. Con ese estúpido miedo de perder de nuevo, de que la dejen caer otra vez, de que las ilusiones se mancillasen.
Y quiso dormirse de nuevo. Que no la despertasen hasta que terminase Septiembre.
Bueno, no, en realidad que no la despertasen hasta que él volviese.
Cogió el mando de los altavoces el iPod, que estaba en la mesilla, y puso la música en aleatorio. Empezó a pasar canciones una tras otra hasta que encontró una que realmente le gustaba: Wake me up when september ends. Algo dentro de ella se removió, inquieto.
Esa sensación le sonaba extrañamente familiar. Era una mezcla de felicidad irracional y miedo de perder lo que ni tan siquiera se tiene. Pero había algo más. ¿Echar de menos?.
No puede ser - pensó - Me dije que nunca volvería a hacerlo, que no quería sentirme vulnerable de nuevo.
Y sin embargo se vio allí tumbada, echando de menos, sintiéndose insignificante, débil... otra vez. Con ese estúpido miedo de perder de nuevo, de que la dejen caer otra vez, de que las ilusiones se mancillasen.
Y quiso dormirse de nuevo. Que no la despertasen hasta que terminase Septiembre.
Bueno, no, en realidad que no la despertasen hasta que él volviese.
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