Nekane siguió observando el cielo. "Si miras hacia arriba, las lágrimas no caerán", la habían dicho una vez; pero de pronto otro pensamiento llego a su mente, ocupándola por completo.
"¿Estaría él mirando las estrellas?" De día, la distancia era soportable, aunque dolorosa. Sin embargo, cuando caía el sol, el echarle de menos se volvía casi insoportable.
En la cama, cada noche, sus últimos pensamientos antes de ser vencida por el sueño eran para él. A veces, frases de canciones..."me faltas tú, tu respiración es la nana que me calma". Otras, simplemente, un te quiero, o incluso un número.
Sí, un número. Si lo pensaba en frío, Nekane pensaba que era imbécil, pero cuando echarle de menos la rompía por dentro ese número recibía todo el significado del mundo.
El 10 tenía para ella un significado especial, aunque él no lo supiese. Representaba el día que se había dado cuenta de que le quería, representaba la perfección, le representaba a él. Quizás para ese chico no era más que el número de su camiseta, pero para ella significaba pensar que la distancia es relativa cuando la persona que quieres esta esperándote al final de los kilómetros.
Te echo de menos. A cada segundo que no te siento cerca. Esté a 2 o a 700 kilómetros de ti. Pero quiero que sepas que mientras puedas mirar al cielo y ver las estrellas, será como si estuviese a tu lado.
Que su brillo me recuerda a tus ojos. Que a tu lado soy feliz. Que me has devuelto la sonrisa que se escondió en la cara oculta de la Luna. Que entre tus brazos nada más me importa. Que eres mi nuevo sueño. Y que te quiero.
Que quiero hacerte feliz. Que quiero ser tu sueño. Que quiero estar a tu lado. Que, otra vez, te quiero.
"Hoy, aunque estés lejos, sigo aquí. Y sabes que no puedo. No sin ti."
Nekane sabía que iba a echar de menos la ternura de sus ojos, la calidez de su sonrisa y el sabor de sus labios.
Un pájaro en la Luna, un pueblerino en París, un vagabundo en la Moncloa, un abstemio en San Fermín...
