domingo, 19 de mayo de 2013

Vicios.

Me han hablado de vicios muchas veces. Me han oído decir que mi vicio era el tabaco, el alcohol, la música, el rock, el sexo. Pero he estado equivocada. Eso no son vicios. Quizás, manías. Quizás, rutinas. Quizás, modas. Pero no vicios.
Porque el verdadero vicio le conocí el día que apareciste en mi vida. O al menos, a partir de entonces, me empecé a plantear el significado de vicio.
Vicio puede ser tu voz. Vicio pueden ser la yema de tus dedos subiéndome por la cara interna del muslo.
Vicio es tu nombre, tu apellido, tu apodo, tus iniciales. Vicio es tu celebridad y anonimato.
Vicio son tus palabras, tu sintaxis, tu pragmática y tu ironía.
Vicio es tu silencio cuando no hace falta más o tu sonrisa cuando necesito el mundo entero.
Vicio son tus ojos, que me miran como el océano más profundo y salvaje. Vicio es querer nadar en ellos y, si hace falta, ahogarme.
Vicio es que hagas de un lugar algo especial por tu simple presencia.
Vicio es música, sí, pero cuando la letra de esa canción me habla de ti, cuando está escrita para recordarme tu existencia, lo que eres para mi.
Vicio es tu lunar... o más bien los tres lunares que me gustan de tu espalda. Vicio es crear lineas entre ellos con el índice.
Vicio es que sonrías. Que sea al filo de mi boca. Que sea mientras me besas. Que sea como sea, pero tu sonrisa es vicio.
Vicio eres tu, tus caricias, tu piel.
Vicio puede ser, aunque puede no ser.
Pero es.
Y tienes que saberlo.

Pero los vicios matan poco a poco...