lunes, 14 de septiembre de 2015

Nada.

Querido diario,

Hoy, tras mucho tiempo y muchas vueltas en la cabeza a si debía escribir o no, vengo a hablarte de la nada.
Fue la madrugada de un lunes a un martes cuando, tras una conclusión precipitada, lo sentí. O mejor dicho, lo no sentí. Porque, una vez se me secaron los ojos, solo quedaba vacío, nada, oscuridad. Ni la mejor ni la más dura o dolorosa de las noticias habrían producido ninguna clase de sentimiento, sensación en mí. No, si no tenían que ver con él.
A la mañana siguiente descubrí algo: él era capaz de hacer desaparecer la nada. Llegaba él y se disipaba todo lo oscuro que me rondaba el pecho. Lo sustituía con esperanza, una leve pizca de felicidad y un dolor punzante y agónico. Pero sentía. Y necesitaba saber si merecía la pena sentir eso o debía acostumbrarme a la nada, al mi sin ti.
Probé lo primero, manteniendo la distancia en la medida de lo posible. Aparecía él, se iba el vacío. Un día nos besamos, ¿sabes?, y algo explotó en mi. Llámalo recuerdo, nostalgia, esperanza, melancolía, añoranza. Llámalo como quieras.
Y dolió en cada fibra de mi. Lo sentí en la nuca, erizándose con mi pelo; lo sentí en los brazos, poniéndome la piel de gallina; lo sentí en los ojos, inundados de lágrimas; lo sentí en el pecho, hecho un nudo.
Lo sentí en sus manos, sujetándome.
Y decidí huir.
Llegué a pensar que era la mejor decisión. Que la nada del pecho podría ser mejor que cualquier otra cosa. Que me ayudaría a recuperarme. Pensé que "había llegado la oportunidad para redescubrirme a mi misma, para rehacerme". Qué gilipollas. Qué pedazo de gilipollas. Prefiero mil días de dolor a su lado que haber pasado uno más sin él.
Él volvió. Y de nuevo, qué gilipollas fui. Le dije que ya no le quería, ¿sabes?. Pero tuve razón ahí, ambos necesitábamos reconstruir nuestras ruinas para poder alzar algo grande después.
Además, estoy en deuda con él. Empezamos a reconstruirnos, cada uno por nuestro lado, pero le asesté un golpe de gracia al pilar que sostenía todo lo que él había reconstruido ya. Lo derribé. Y tengo que ayudarle a reconstruirlo una vez más. La nada del pecho se lo tragaba todo, como un agujero negro, y no fui capaz de darme cuenta de cuánto mal estaba haciendo. Joder, ahora lo veo.
Nunca dejó de quererme, ¿sabes? Pero yo intenté dejar de sentir por miedo a más dolor. Qué tonta.
Pero volvió, de nuevo. Y esta vez le escuché. Le pedí un día para ordenar mis ideas, para ver que opinaba la nada de todo aquello.
Pero la nada se había ido porque aquella noche lo vi todo en sus ojos.

Lo perdí todo por la nada, pero nada me va a parar ahora que quiero dárselo todo. Ni la distancia, ni la inseguridad, ni los recuerdos, ni los días malos, ni el miedo, ni mis celos. Voy a luchar con uñas y dientes porque sé, más que nunca, que mi felicidad no es sin él.

Se lo dije, que él era el extremo de mi hilo rojo. No sé si sabe muy bien lo que significa. Según una antigua leyenda china, un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper. Cuenta que un anciano que vive en la luna sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están destinadas a encontrarse, y las ata con un hilo rojo para que no se pierdan. 

Y por eso sé que no voy a perderle, seguro. Pero aún así no pienso arriesgarme.
Volveré a escribir, querido diario. No sé cuando, ni la razón que me llevará a ello, pero ya se verá.

Nekane.



______________________________________________





Enamorarme de ti, a pesar de todo, es lo mejor que me ha pasado nunca. Ya te lo he dicho. Sé que he hecho mil cosas mal, pero de los errores se aprende, de verdad que sí. Te he prometido sinceridad absoluta, transparencia. Y te prometo algo más: que te voy a querer toda la vida y que voy a trabajar día a día para compensarte, para curarte el daño causado. Pero por favor, déjame hacerlo. 
Te quiero más que a mi propia vida. 





miércoles, 8 de enero de 2014

Oda a los gatos.

No es recuerdo, ni nostalgia, ni pasado, ni tristeza, ni soledad, ni angustia, ni miedo, ni amor, no rencor, ni vacío, ni impulso, ni pena, ni impotencia, ni fiebre, ni náusea, ni desprecio, ni arrepentimiento, ni techo, ni fotos viejas, ni canciones ardiendo, ni poesía de otros, ni celos, ni envidia, ni duda, ni sospecha, ni inseguridad, ni dependencia, ni desacuerdo, ni enfado, ni ira, ni final, ni insomnio.

Es de noche.

Y no queremos dormir.





*este texto no es mío, es de un libro cuyo título desconozco, pero me gustó al verlo por internet.

jueves, 18 de julio de 2013

En la barra de un bar.

- Un Margarita, por favor.
+ ¿Con cointreau o tripe seco?
- Triple seco

Hay cocktails que, en soledad, saben mejor.  Brindé por el imparable paso del tiempo. Los días estaban pasando, infatigablemente, uno tras otro, hasta el fin de... ¿qué? Hasta el fin de lo que fuese. Cada día igual que el anterior, pero con menos sentido. Segundo tras segundo, minuto tras minuto, hora tras hora, el tiempo no significaba nada más que "paso". Un gasto insostenible de su propia vida. Y no podía hacer nada por evitarlo. El sentido de la vida, eso tan ambiguo e inalienable para el ser humano, había desaparecido para mi.

+¿Le pongo otro, señorita?
- Sí, gracias.

Si un cocktail se aprecia mejor en soledad es porque ésta, de por sí, es demasiado amarga. Estamos demasiado individualizados como para no sentirnos solos. Tenemos amigos, pareja, familia. ¿Son, acaso, circunstanciales? ¿Lo es la soledad? Lo único que sé es que me sentía sola. Nadie a mi alrededor es capaz de ver dentro de mi, y yo no sé como exteriorizarlo. Físicamente, tengo a muchas personas cerca. Pero solo así, físicamente. Algo dentro de mi se muere si sigue sintiéndose así. Necesita... ¿cómo decirlo? Comprensión.

- Perdone, otro Margarita
+ Como desee.

Comprensión. Aceptación, quizás. Algo que disipe todas las dudas que siento. El miedo que hay tras cada elección, que desaparezca. El temor de no estar haciendo nada bien, que se evapore. Cada acto trae consecuencias. Cada elección es un acto, y el miedo que tengo de las consecuencias que empiecen a llegar a partir de ahora es indescriptible. Hay "¿y si...?'s" por todas partes. ¿Y si esta no es la carrera que debería haber elegido? ¿Y si el futuro va a darme una hostia con todas sus fuerzas? ¿Y si lo estoy haciendo todo mal? ¿Y si...? Sí. Cada paso está dado en la cuerda floja, y el miedo a caer me atormenta. ¿Cuántos pasos en falso habré dado ya? La inseguridad me puede, me supera. Debo tener algún tipo de complejo.

+ Disculpe, señorita, ¿está usted bien?
- ¿Le pagan por hacer preguntas estúpidas? Otro. Bien cargado.

Los complejos... esos grandes hijos de puta. Una mujer puede superar que una tía la llame zorra, que un hombre la use, que la vida sea una puta mierda y no el mundo ideal que le habían prometido. Pero si no se quiere, todo pesa demasiado. Y yo aún no sé quererme. No veo nada en mi que merezca la pena querer. Y me cierro en banda. No siento ni padezco. O al menos eso finjo. Y volvemos a los días que pasan sin sentido, a la vida que se va poco a poco, a la soledad en la que me escondo pero de la que necesito salir, a las dudas, al miedo, a la inseguridad, a los complejos, a que estos me lleven a tener más inseguridad, al miedo a la soledad, a la soledad que siento cuando mi vida pasa sin sentido. Un circulo vicioso que da mil vueltas al mismo infierno.

- Camarero, uno más.
+ ¿Está segura?
- Usted sírvalo.

No veo nada en mi que merezca la pena querer, pero todo el "esfuerzo" que no invierto en quererme a mi lo sé volcar en quererlo a el. Alguien que aún no me explico cómo es capaz de estar en mi vida. Un parte importantísima que me da la luz que necesito cuando no veo nada claro. Tan importante que me hace olvidar mis miedos a la vez que es capaz de potenciarlos. Olvido el miedo a sentirme sola y aparece el de "no soy suficiente para él". Olvido el miedo de "qué pasará conmigo en el futuro", pero aparece el "qué será de nosotros". En mi vida había estado tan enamorada de alguien, y el poder que este sentimiento entrega a la otra persona sobre mi es tal que asusta. Y en mi cabeza suena siempre "vive el momento, disfruta de sus besos, sus caricias, su sonrisa". Pero mi corazón, mi puto corazón, tiembla ante el hecho que cualquier día me despierte y haya acabado.

+Señorita, vamos a cerrar
- Póngame, entonces, la última.

Porque a veces lo que hace falta es una copa de más para brindar por quien tanto echas de menos.





Creo que lo único que saco en claro hoy es que me gusta demasiado el tequila, pero me ha defraudado. No solo ha sido incapaz de hacer desaparece mi propio infierno, si no que me ha hecho admitirlo. Y mis demonios deberían ser sólo míos.




Nekane.










domingo, 19 de mayo de 2013

Vicios.

Me han hablado de vicios muchas veces. Me han oído decir que mi vicio era el tabaco, el alcohol, la música, el rock, el sexo. Pero he estado equivocada. Eso no son vicios. Quizás, manías. Quizás, rutinas. Quizás, modas. Pero no vicios.
Porque el verdadero vicio le conocí el día que apareciste en mi vida. O al menos, a partir de entonces, me empecé a plantear el significado de vicio.
Vicio puede ser tu voz. Vicio pueden ser la yema de tus dedos subiéndome por la cara interna del muslo.
Vicio es tu nombre, tu apellido, tu apodo, tus iniciales. Vicio es tu celebridad y anonimato.
Vicio son tus palabras, tu sintaxis, tu pragmática y tu ironía.
Vicio es tu silencio cuando no hace falta más o tu sonrisa cuando necesito el mundo entero.
Vicio son tus ojos, que me miran como el océano más profundo y salvaje. Vicio es querer nadar en ellos y, si hace falta, ahogarme.
Vicio es que hagas de un lugar algo especial por tu simple presencia.
Vicio es música, sí, pero cuando la letra de esa canción me habla de ti, cuando está escrita para recordarme tu existencia, lo que eres para mi.
Vicio es tu lunar... o más bien los tres lunares que me gustan de tu espalda. Vicio es crear lineas entre ellos con el índice.
Vicio es que sonrías. Que sea al filo de mi boca. Que sea mientras me besas. Que sea como sea, pero tu sonrisa es vicio.
Vicio eres tu, tus caricias, tu piel.
Vicio puede ser, aunque puede no ser.
Pero es.
Y tienes que saberlo.

Pero los vicios matan poco a poco... 

lunes, 18 de febrero de 2013

Como Ícaro al Sol, te daré mi alma perdida.

Alza los ojos de nuevo y una vez más el brillo del Sol la obliga a apartar la mirada. "Yo no puedo mirarlo, si quiera, cuando Ícaro dio su vida por intentar llegar a él."

"La gente parece feliz en la calle. El buen tiempo parece acercarse y el mundo parece seguir adelante. Sin embargo son solo apariencias. Los autobuses han visto más intentos de aguantar las lágrimas que nadie en el mundo. Los cascos de mi iPod han intentado, sin conseguirlo, que la música ahogase el resto. Pero este "resto" ha sido más fuerte. Me ha ahogado a mi, y mi salvavidas flotaba a la deriva demasiado lejos. ¿Y quién soy yo para pedirle que esté? Nada. Y es verdad, dar desgasta, pero por mucho que des nunca serás nadie para exigir. ¿Acaso Ícaro podría exigirle al Sol algo? Amar no debe ser un contrato, un 'doy si recibo'. 

Amar es un cubata. El alcohol, las penas. La mezcla, las alegrías. Agitado, no mezclado, por favor
Desde pequeña me curaron las heridas con alcohol, ¿qué cambia ahora? ¿la gradación?. No, lo que cambia es que ahora te necesitaba, pero por mucho que vuele jamás conseguiré llegar a tu lado. Mis alas hechas de cera para salir de este laberinto se desharán por tu calor antes de que seas capaz de ver la necesidad por llegar a tu lado. La necesidad de que se tenga en cuenta todo lo dado, lo hecho. 

Como Ícaro al Sol, te daré mi alma perdida. Y caeré. El sueño de Ícaro tornará en el sueño eterno del dios Morfeo."

Fdo: Nekane.


PD: Quiero volverme invisible. Sentarme a tu lado a escondidas. Saber lo que piensas de la vida cuando ves las noticias. Vivir quedándome los besos que se escapan. Saber si me echas de menos. Recoger mi chaqueta y salir por la puerta. Pero ya te habré dado mi corazón, mi vida y, si la aceptas, mi alma perdida. 

jueves, 10 de enero de 2013

Me fío de mis sentidos; o, al menos, aún lo hago.

"Solo, rodeado de tanta gente."

Querido diario:

Hoy, me siento sola.
Ayer, me sentí sola.
Mañana, sé que me sentiré sola.

El mundo entero gira, sigue su curso. Físicamente, la gente está a mi lado. Siento sus palabras, sus miradas, su contacto. Sé que están ahí, me fío de mis sentidos; o, al menos, aún lo hago.
Él gira. Yo no.
Me siento estancada, como en una habitación en la que ves la llave que necesitas para salir pero nunca alcanzas a coger. Todo el mundo llega a esa llave, pero, a mis manos, se hace intangible.
Muchos Algunos cogen la llave y me abren la puerta. Me sacan de la habitación. Me acompañan a ver el mundo.
Pero sé que no se puede estar ahí siempre. Y, cuando se van, el mundo sigue su curso, mi prisión vuelve y la llave está demasiado alta.
No es una prisión de esas con barrotes. Mi prisión soy yo. Cuando el mundo sigue su curso, yo soy la que vuelve y me encierro. Y veo la vida seguir, como si estuviese en un segundo plano.
Es tan raro de explicar...
Quizás, el lado positivo es que hay que aprender a ver las cosas desde varios puntos de vista: cuando no soy yo, cuando me sacan de mi misma, veo el mundo desde dentro. Cuando sí lo soy, veo el mundo desde fuera. Todos están ahí, con sus problemas, sus sonrisas fingidas, sus sentimientos encontrados y sus buenos momentos. Pero yo no estoy ahí; yo estoy fuera, sola.
Aunque, a veces, el mundo se ve más bonito con lágrimas en los ojos.

En fin, he escrito mucho pero no he dicho nada, como siempre.


Nekane.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Somos.

11.12.2012

Querido diario:

Según pasan los días el "adios" se hace más palpable.
Dijimos que nunca nos iríamos. Que cuando todo fallase, nosotros no. Dijimos muchas cosas que han quedado en nada.

"Somos los Montesco y los Capuleto. Somos nuestro dolor. Somos la calma maltratada por la prisa. Somos el olvido que se pierde recordando. Reyes sin tierra. Libros sin historia. Amor caprichoso. El blanco y el negro. Una guitarra desafinada. Bolígrafos sin tinta. Orgullo. Pasión. Debilidad. Odio. Tristeza. Fuerza. Somos vida. Somos el suicidio de Julieta. Somos huéspedes. El Sol y la Luna. Las estrellas que los rodean. El viento. Una flor mancillada. Un problema con demasiadas incógnitas. Un bar que no cierra. Un tatuaje que no desaparecerá. Un recuerdo que olvidar. Una huella en el mundo. El problema de los dioses. El chupito que hace ver doble. La borrachera que termina en llanto. El dolor de los tacones. Una canción prohibida. Una melodía sin ritmo. La chusta de un peta. Un mechero sin piedra. Un ángel caído. Un demonio con buen corazón. Un concierto sin público. Las orejas del lobo. La piedra que hace tropezar una vez más. Un tango sin liga. Un club de carretera. Las hostias de la vida" 


Duelen mis promesas. Duelen las suyas. Duele. Pero el mundo no tiene por qué entenderlo. No está hecho para entender. Presumía de no sentir, pero "dime de que presumes, y te diré de lo que careces", ¿no?

Esta noche les pido algo a las estrellas: que esté donde esté, no olvide mis letras. Las palabras se las lleva el viento, y por eso están por escrito.

Quizás esto sea otra carta sin enviar. O, quién sabe, nada más que las neuras de una joven en su diario.

Nekane.