El abuelo de Nekane, cuando era pequeña, le contaba que los ojos eran el reflejo más fiel del alma. Que detrás del azul, verde o marrón se encontraba la luz del corazón.

Por eso, cuando Nekane miraba a alguien a los ojos, podía sentir lo que siente esa persona. La luz cálida del amor, la penumbra de las dudas, la oscuridad del dolor... Cualquier cosa.
En ella casi siempre había brillado la luz, a veces más fuerte, otras más tenue, y solo en algún momento puntual había sentido el frío de la oscuridad.
Por eso, hace poco, se miró a los ojos en un espejo y se asustó de si misma. Ni luz, ni oscuridad, ni una mezcla; si no un paisaje desolador. Medio corazón brillando, con la fuerza de siempre. El otro medio, simplemente, no estaba. Era un vacío, ni oscuro ni iluminado. No era un corazón con heridas o cicatrices. No era un corazón. Era medio.
¿Que cómo se vive con medio corazón? No tiene ni idea.
¿Que qué va a hacer? Sobrevivir, como ha hecho siempre.
¿Que dónde estaba esa mitad? Quien sabe.
Quizás en el fondo de una cajón, guardada bajo llave o tirada en una esquina.
Quería entrar en sus ojos y que su luz la curase por dentro.
"You see, I've forgotten if they're green or they're blue. But yours are the sweetest eyes I've ever seen."
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