jueves, 24 de mayo de 2012

El camino de los sueños.

Nekane iba caminando, sin ningún rumbo, por aquella ciudad que la había visto crecer. Un paso, y luego otro. Y así, como cada vez que el mundo se volvía demasiado grande y pesado para sus hombros.

Cada vez que la pequeña Nekane se sentía demasiado frágil como para soportar todo lo que venía encima, cogía su música y salía andar sin rumbo fijo. Que más da hacia donde fuese, ¿no?. Todos los caminos conducen a Roma.

Sin embargo, ese día iba más inmersa en sus pensamientos que de costumbre, y cuando se quiso dar cuenta no sabía dónde estaba. Miró hacia todas partes, buscando una referencia. Algo a que atenerse para conseguir localizarse.

Se sentía sola y perdida. Había escapado del mundo y éste se le echaba encima de nuevo. Aquello parecía un parque. Estaba en una bifurcación de caminos y no recordaba por cual había llegado.
"Estoy sola y perdida" se decía sin parar.
Se sentó ahí mismo, en medio de la nada, con la música aún puesta, se agarró las rodillas y enterró la cabeza entre ellas. "Sola". Las lágrimas caían, silenciosas, por sus mejillas hasta impactar en sus pitillos vaqueros. "Sola". La música seguía sonando, atronadora, en sus oídos. Y así, sin parar de repetirse que estaba sola y perdida, se quedo dormida en la misma posición.

No sabe cuanto tiempo pudo pasar, pero cuando abrió los ojos de nuevo era noche totalmente cerrada, sin farolas que iluminasen el camino. Sin más guía que las estrellas.

Se quedó mirándolas. Siempre había sabido encontrar la Estrella Polar, y a partir de ahí sabía orientarse. Sin embargo sentía en su interior que no estaba tan sola, que quería permanecer allí más tiempo.

Tenía las Vans llenas de polvo, los vaqueros manchados de las lágrimas y el iPod casi sin batería. Pero no importaba. Después de mucho tiempo, a pesar de la angustia al verse perdida, se sentía a gusto, en su lugar. La Luna corroboró ese pensamiento, brillando, llena, más cerca que nunca. Parecía que quisiese convencer a Nekane de que no estaba sola.

Pero como todo, el momento acabó. Con los primeros rayos de sol, Nekane se levantó, dispuesta a volver a su piso, cuando vió un cartel que la noche anterior le había pasado desapercibido.
Era el nombre del camino por el que llegó hasta ese cruce: "El camino de los sueños".

Quiso recordar siempre ese lugar donde parecía que los miedos desaparecían, que los sueños cobraban vida... Así que, con las llaves de casa, ralló en uno de los robles que rodeaban el camino: "Nunca se me va a olvidar, me encanta"

"No tiene mucho sentido que lo escriba, lo voy a recordar siempre" se dijo, pero bueno, las palabras se las lleva el viento, así que mejor escribirlas.

Sí, todos los caminos llevan a Roma, pero con aquel había encontrado su paraíso particular.




Para recorrer el camino de los sueños hace falta valor, pero estoy segura de que conllevará su recompensa. Y es que lo mejor del Sol es el brillo de la Luna.

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